La Iglesia mozárabe de Santo Tomás, en Santo Tomás de las Ollas, Ponferrada: una joya escondida

Ante todo sinceridad. Yo no pretendía visitar ésta iglesia. La historia fue la siguiente: fuimos con mis padres a comer al Restaurante pulpería La Fragata en Santo Tomás de las Ollas y, al acabar el copioso festín y dar buena cuenta de su mítico pulpo, nos dirigimos a dar un paseo para «acomodar» la comida. Y, entonces, vimos este cartel:

Cartel de la Iglesia en la rotonda a la entrada de Santo Tomás de las Ollas

Y, le dije a mis padres, ¿y si vamos dando un paseo y vemos la Iglesia? A mi padre le encanta ver iglesias, al igual que a mi. A todos les pareció bien. Y así surgió la visita. La iglesia estaba cerrada, pero se veía con claridad el siguiente aviso:

Aviso para que «Lela» te enseñe la Iglesia

Al poco de llamar, salió Manuela, «Lela», una señorina prototípica de cualquier pueblo de El Bierzo que, desde el principio, mostró la mejor de las disposiciones para guiarnos en la visita de la Iglesia. Este sistema, por cierto, es fantástico. Seguro que todos, alguna vez, hemos querido ver alguna iglesia o monumento, en algún pueblo perdido de España y nos las hemos visto y deseado para ver quién tenía las llaves o quién lo podía enseñar. Pues bien, mira qué fácil, mira qué sencillo.

Los arcos de herradura eran una preciosidad

Es el templo más antiguo de la provincia de León. Eso ya es mucho decir. Me gustó, desde que entré, su sobriedad. También, me llamó la atención sus arcos de herradura. Lela nos iba explicando un poco de todo. Aquí y allá. En este sentido, lo mejor de la visita, con mucha diferencia, fueron los comentarios divertidamente heterodoxos de Manuela. Nada que ver con los propios de un historiador del arte. Mucho mejores. Eran impagables. Mezclaba cosas que había leído u oído, con su saber popular y con sus opiniones personales. Algunas de éstas últimas eran realmente graciosas. Si bien, la Curia romana, es probable y posible, les hiciera alguna pequeña enmienda o rectificación. Bendita «Lela».

Elementos pretéritos y no tanto

La parroquia de Santo Tomás fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931. Se observa, al pasear por su interior, que han sido variadas sus influencias. No soy ningún experto en arquitectura y arte. Sólo un simple aficionado, con más lagunas que conocimientos. He leído que sus ascendencias son árabes, carolingias, lombardas y visigóticas. Un crisol de impactos históricos y culturales, sin duda.

Pila bautismal

Mi padre estudió en Los Salesianos, tiene una formación religiosa y sabe mucho de santos, entre otros saberes devotos. Pues bien, yo le iba preguntando y él me iba contando, a qué santo representaba cada figura. La imaginería e iconografía cristiana me fascina. Tengo mucho que aprender al respecto.

Mi padre me iba explicando las imágenes de los altares

Había restos policromados en algunas partes de la Iglesia, como se puede ver en la foto de abajo. Siempre que veo éste fenómeno, pienso lo mismo: cómo han podido encalar una pared o un techo con esas fabulosas pinturas en color debajo. Sé que detrás de ésta práctica hay razones protectoras, estéticas y culturales, entre otras. La cal protegía de la humedad y la degradación por el clima y el paso del tiempo. A pesar de lo cual, no puedo evitar pensar que es una bárbara costumbre que nos ha privado de la contemplación de mucha belleza.

Restos policromados

Algunos elementos, aunque modernos, eran singulares. El confesionario era, quizá, el más destacado. Parecía una escultura de pop art.

Confesionario

Sillas

Cerca de la entrada, había una imagen de Santo Tomás, el patrón de la Iglesia. Se le representa con el halo dorado como símbolo de santidad y con la lanza. Recordemos que Tomás fue el discípulo al que Jesús invitó a tocar su herida del costado, provocada por la lanza del soldado romano en la crucifixión, para refutar la incredulidad de su escéptico seguidor y probarle que había resucitado.

Imagen de Santo Tomás, el patrón del santuario

 

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